domingo, 11 de mayo de 2014

Día 7

Domingo 6 de Octubre

El día ha pasado cargado de situaciones terribles e incómodas.
Para empezar, madame decidió que era hora de dejar de escondernos de la prensa.  Nos obligó a ir al club deportivo, mencionó que tarde o temprano se darían cuenta que no tenemos nada que ver y los rumores sobre nuestro falso noviazgo acabarían más rápido.
No pude concentrarme en la cancha de tenis, unos cinco reporteros lograron colarse en el club, nos seguían de cerca, nos tomaban fotos y estaban incomodándome por completo.
Chase traía puestas unas gafas oscuras que no se quitó en ningún momento durante el día, sospecho que trae ojeras otra vez. Hubo un momento en el que me dejó sola en la cancha y como si fuera poca presión, adivina quién apareció en medio. El insoportable Zigmund Kydd, sí, el mismo del escándalo de la otra noche, vistiendo un traje de tenis y cargando al hombro una bolsa con sus implementos.
—¡Hola, Meg!— saludó coquetamente.
—No vuelvas a hablarme.
Di media vuelta intentando huir de él, pero me tomó del brazo para detenerme y los periodistas al rededor se acercaron más para captar el momento.
—Vamos Meg, esto nos conviene a ambos, tú te haces famosa, yo vuelvo a las portadas ¿Qué te parece?—susurró.
—No muero por salir en los periódicos.
—Lo lamento, yo sí.
Zigmund se lanzó sobre mí intentando besarme, forcejeé con él y para librarme tuve que propinarle un rodillazo en su área noble.  Zigmund se dobló de dolor y cayó al suelo. Rápidamente un flash captó el momento. Me giré en su dirección y hallé al fotógrafo.
—¿¡Qué quieres fotografiar  idiota!?— estaba completamente fuera de mí.
Le quité la cámara de las manos, la lancé al piso y la hice añicos ante la mirada llorosa del reportero. El resto de sus colegas se acercaron para fotografiar el hecho.
Lo admito, no debí hacerlo, pero en ese momento no era yo. Créeme, mi versión malvada se apoderó de mí y en verdad lo siento, descargué toda mi ira con el reportero. ¿Qué harías tú si tuvieras a un grupo de paparazis siguiéndote a todas partes?
Chase me tomó de la mano y a toda carrera me alejó del escándalo, subimos a su auto y partimos sin rumbo.  
No pude, en verdad traté de contenerme pero no pude, lloré y dejé salir en forma de lágrimas toda mi cólera y frustración. Chase me había llevado de vuelta a su lugar especial y ahí en medio de la nada dejé salir todo lo que tenía guardado en mí. Sentía que mi mar de lágrimas podría regar todo el bosque.
Chase se sentó junto a mí y aunque no dijo nada su sola presencia me ayudó a mantenerme. Quería volver a casa, a mi verdadera casa y en momentos como este me hacía falta realmente un abrazo de mi madre, una palabra de aliento de mi padre. Recordarlos no hizo más que traerme dolor. En ese momento sentí que me ahogaba, que no podía con todo lo que me pasaba y como por arte de magia terminé en los brazos de Chase, dejé de llorar por la sorpresa y noté que él me apretaba con fuerza contra su pecho.
—Tranquila Meg, sólo resiste un poco más. Todo esto acabará pronto.
Me sorprendió lo serio y maduro que sonó en ese momento y al darme cuenta de la embarazosa situación en la que estábamos me sonrojé al límite, me alejé de sus brazos y le agradecí en voz baja   sin darle la cara.
En otra ocasión él se hubiera burlado y hubiera aprovechado la situación para regodearse de lo irresistible que es para las mujeres, pero no lo hizo. Se quedó callado mirando al horizonte. Tal vez después de todo Chase sí es una buena persona.
Al llegar a la mansión nos abrimos paso como mejor pudimos entre un mar de reporteros, madame ya estaba enterada del incidente de la cámara y parecida muy molesta, afortunadamente Chase la detuvo calmadamente y ambos me dejaron el camino libre hasta mi habitación.
Pasé el resto del día tumbada en mi cama desde donde escribo estas líneas, Ian ha llamado a mi puerta un par de veces pero no he respondido, hoy no tengo ganas de nada, mañana cuando mis ánimos mejoren me disculparé con madame por mi mala actitud y tal vez también tenga que hacerlo con el reportero.
*/*/*/*Por la noche
Cuando pensé que todos estaban dormidos bajé a la sala y encendí la tv. Lo primero que vi me enfrió el cuerpo.
“La nueva niña mimada de la farándula, protagonizó otro escándalo hoy tras golpear a un reportero y luego destrozar su cámara”
Se mostraba la foto del momento preciso. Apagué la televisión con el control remoto.
Ian apareció a mis espaldas.
—Has estado evitándome todo el día.
—Lo siento, no quiero destruir algo preciado para ti.
—Meg, sé que puedes sentirte sola en esta mansión pero sabes que tienes un amigo para escucharte.  Siempre que me necesites.
—Gracias Ian.
—Y aunque parezca increíble Chase también es de confianza. Créeme que él ha pasado por peores escándalos que los que tú estás viviendo y ha sabido reponerse.
—¿En serio?
—Sí. Luego de la muerte de su padre, los problemas financieros que afrontó madame y el acoso en su escuela, Chase andaba en los tabloides desde pequeño, pero míralo ahora, el sigue en pie, no se dejó hundir por lo que un idiota escribió sobre él.
—Entonces si el idiota de Chase pudo, yo también podré, ¿No?
Asintió con la cabeza.
Luego de nuestra plática Ian me condujo al sótano de la mansión donde había un montón de cajas apiladas llenas de polvo y telarañas. Se notaba que nadie las había movido en años hasta hoy. Y sabía por qué. Los tabloides guardados en su interior eran como los X files de la familia Marshall, todos sus escándalos y problemas, la mayoría tenían que ver con Chase. No voy a mentirte, no alcancé a leerlos todos, les eché una rápida ojeada pero puedo decir que las pocas cosas que leí no pintaban bien y pude por un segundo sentirme afortunada que la prensa no sea tan malvada conmigo.

Por favor, ¿Qué más puede pasarme?

sábado, 3 de mayo de 2014

Día 6

Sábado 5 de Octubre

Chase no se equivocó. Lo que pasó hoy es el inicio de un enredo tormentoso, estoy segura de ello al mil por ciento.
Apenas amaneció escuché los gritos de madame, al parecer estaba histperica. Bajé al comedor y Chase me tendió un ejemplar de periódico.
—Felicidades, ya eres famosa Meg.
Tomé el periódico en manos, estaba desesperada y casi me desmayo al ver la portada.
QUIEN ES ELLA?
Y una foto mía junto a Chase.
Ian se acercó a mí y esperó mi reacción.
—Dime que es el único titular en el que aparezco
Negó con la cabeza mientras se mordía el labio inferior en señal de preocupación.
Me acerqué a toda carrera a la mesa de centro, encontré más de diez titulares entre revistas, periódicos y semanarios que se preguntaban por mi e incluso tenían hipótesis, lo peor de todo es que me consideraban la nueva conquista de Chase.
Madame estaba desesperada. Y yo estaba a punto de estallar de ira. ¿Cómo te sentirías tú al ser involucrado con un niño rico? Yo me siento terrible, ¡quiero escapar!. Pero los titulares no son la peor parte. Me asomé a la ventana vi a cientos de paparazis intentando entrar a la mansión con cámaras en mano, los flashes me cegaron por un momento, los pocos empleados de la mansión no lograban darse abasto del todo para protegerla de los intrusos.
—Reforzaremos la seguridad, no te preocupes— dijo madame a mis espaldas.
—¿Está segura?  ¿Qué es lo que quieren?
—Tu nombre, tus datos, les interesa saber quién es la nueva novia de mi hijo y porqué vive en la casa con él.
Me escandalicé ante la suposición.
—¡yo no tengo nada que ver con Chase!
— lo peor de todo es que también te están involucrando con la familia Kydd
— ¿y esos quiénes son?
—la familia del chico al que Chase golpeó para defenderte.
—No puede ser, ese tipo me estaba acosando. ¿Cómo pueden ahora involucrarme con él?
—tu sabes cómo es la prensa, además los Kydd la compraron a su manera. Quién sabe que estarán planeando para acaparar portadas.
Jamás en la vida había imaginado que llegaría a odiar tanto a alguien a quien acababa de conocer.
Estaba segura que en cualquier momento los paparazis entrarían en la casa y nos atacarían con sus mil preguntas, tenía miedo y sentía que toda la culpa era únicamente de Chase. Cuando madame se retiró de la sala aproveché para tirarle un cojín en la cabeza.
—¡Hey! Amaneciste violenta Meg.
—¡Todo es tu culpa! Tu y yo no tenemos nada que ver, más te vale salir y decírselo a la prensa.
—Claro.
—¿Qué?
Me sorprendió que aceptara tan fácilmente.
Chase se puso de pie y caminó varios pasos con dirección a la puerta principal.
—Saldré y les diré que no tengo ninguna relación con una niña molesta como tú, el único que puede soportarte es Zigmund K. tu novio.
-¡Qué! ¡Nooo!

Intenté detenerlo, pero Chase ya estaba a un paso de la puerta, en medio de mi desesperación no tuve mejor peor idea que saltar a su espalda intentando tumbarlo, pero todo fue en vano. Chase abrió la puerta y fuimos cegados por una docena de  flashes. Chase con un ojo más pequeño que el otro a causa de la luz cegadora y yo montada en su espalda con los brazos alrededor de su cuello casi ahorcándolo. Ya te imaginas la portada de mañana. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Día 5


Viernes 4 de Octubre

Han pasado muchos días. Lo sé y lo lamento. No he podido escribir estuve muy cansada repitiendo la rutina de salir con Chase al club deportivo y acompañarlo hacer todas sus cosas.
Todo parecía en orden para este viernes en el que tenía planeado ver alguna película en el gran televisor del living y acostarme temprano. Pero no fue así.
Madame entró a mi habitación.
—Meg, alístate. Irás al club con Chase.
—¿Al deportivo? Pero si es de noche!
—No, a un club nocturno
—Madame con todo respeto, no me siento bien
—No te lo pregunté Meg, es una orden
—Si señora— respondí con disgusto
—Usa esto— dijo y me trajo unas bolsas de ropa, luego se retiró
El vestido es muy bonito, pero no lo veo como algo que yo me pondría, ¡Es muy corto!  Definitivamente Madame no conoce mis gustos. Pero el problema no era el vestido, sino los tacones Prada. ¡Es imposible que camine sobre esas cosas! ¡No tengo equilibrio!
Llamé a Ian. Al fin y al cabo él es el único en esta casa que de alguna forma podría ayudarme.
—Ese vestido te queda muy bien— dijo al verme
—Gracias. Pero no es necesario que mientas. Sé que me veo ridícula.
—No miento
—¿Podrías ayudarme con el maquillaje?
—Meg, ¿Quién crees que soy?  No sé nada de eso—
—Tienes razón, me equivoqué de persona
—Pero conozco a alguien que sí puede ayudarte
Salió de la habitación a toda prisa y trajo a Dorothy, la cocinera. Quien diría que también era una gran maquilladora.
Terminada mi transformación forzada, Chase vino a buscarme.
—Guau—  dijo con los ojos abiertos al máximo
—¿qué?— pregunté asustada ¿Acaso me veía tan mal? 
—Te ves increíble. Aunque esos zapatos no son la mejor opción. ¿Segura que puedes andar con ellos sin lastimarte?
—Si, tal vez no—
Ian rio tras de nosotros.
Chase y yo salimos en su lujoso Porsche con dirección a la ciudad. Él también se veía muy bien, parece que tiene buen gusto para vestir. Zapatos militares (parecen sus favoritos) pantalones oscuros, camisa blanca, corbata negra y chaqueta de cuero.  Por desgracia le quedaba muy bien.
Al llegar al club las cosas cambiaron. Decenas de chicas esperaban la llegada de Chase Marshall.  Bajamos del Vehículo, él le dio las llaves del Porsche al chico del valet . El anfitrión quitó la barda y nos dejó pasar. Intentaba mantener el equilibrio con estos zapatos pero de verdad resultaba muy difícil. Chase tuvo que sostenerme un par de veces para no caer.
Una vez dentro del club Chase se alejó de mí para reunirse con unos muchachos y muchas chicas. Luego empezaron a bailar. Busqué un lugar relativamente tranquilo donde sentarme y esperar la hora de regreso. Eso de andar en clubes no es lo mío.
—Hola nena, ¿quieres bailar? – preguntó un tipo muy alto acercándose a mi
—No, gracias— respondí siendo cortés—
—¡Vamos no seas pesada!— dijo e intentó jalarme de la mano, la retiré al instante antes de que pudiera tocarme
—Te lo advierto, ¡Aléjate!—
Tal parece que el ruido y la música alta impidieron que el extraño me escuche con claridad. Me tomó del brazo con fuerza y empezamos a forcejear.
—Quita las manos de mi chica— ordenó Chase al extraño
¿Por qué se toma ese tipo de atribuciones?
El tipo me soltó bruscamente, me quedé sobando mi brazo adolorido.  El extraño sonrió descaradamente y se acercó a Chase
—Quien lo diría, Chase Marshall defensor de doncellas— le dijo con sorna
—¡Lárgate y no vuelvas a molestarla— ordenó Chase
—Estamos por verlo. Tal vez ella esté interesada en mí—
Chase le lanzó un puñetazo en la cara.
—¡Ven!— me llamó y en medio del alboroto salimos del club rápidamente por la puerta trasera.  Me quité los zapatos para poder correr junto a él.
Una vez en el estacionamiento recuperamos el aliento.
—¿Qué fue eso? Yo pude defenderme sola
—¿Sola? Meg, no matarías ni a una mosca. Era claro que alguien tenía que defenderte.
—Entonces ¿Debo darte las gracias?
No respondió. Buscó al hombre del valet, subimos al auto y regresamos a casa.
—Lamento haber arruinado tu noche— le dije
—No hay problema. No fue tu culpa y además no quería quedarme
—¿Crees que tu madre se enterará?
—Lo hará. Había cientos de reporteros en ese club
—¿Qué hacemos ahora?
—Será mejor contarle la verdad. Tal vez ella pueda ayudar
Tragué en seco. No me parece buena idea.
Y así resultó.
—¡Qué!— gritó madame y su voz se escuchó en cada rincón de la mansión.
—Madre, no fue nuestra culpa. Ese tipo estaba molestando a Meg— dijo Chase
—Ya sé que no fue su culpa. ¿Pero por qué tuviste que golpearlo? ¡Aparecerás mañana en todas las portadas de los medios!—  gritó Madame
—Le diré a Dorothy que le traiga una infusión de manzanilla— dijo Ian
—¡Nada de manzanillas! ¡Tráeme el teléfono ahora! Tenemos que comprar a la prensa—
Ian corrió y en menos de un minuto apareció con el teléfono inalámbrico en manos. Madame lo tomó bruscamente y marcó un número, los dedos se le resbalaban, tal parece que estaba atacada de los nervios.
Pidió hablar con el jefe de prensa de un diario local, esperó varios minutos en la línea hasta que el hombre contestó. Intercambiaron palabras, no logré prestar atención a lo que decía madame, sólo veía a Chase que mantenía la expresión neutra. Por un momento pensé en tomar su mano y apretarla con  fuerza, pero sería bajar la guardia ante él, ¡Eso nunca! Luego de un momento de silencio madame colgó el teléfono y nos dio las espaldas. Se acercó a una ventana cercana.
—¿Madre que está pasando?— preguntó Chase.
—No pude. Se nos adelantaron los Keed.
Madame se tumbó rendida sobre un sofá con las manos sosteniendo su cabeza.
—Es mejor que la dejemos sola— dijo Chase tomándome del brazo, me llevó fuera de la habitación.
Estaba  muy confundida y por qué no decirlo, asustada.
—¿Chase, que va a pasar ahora? —pregunte buscando su mirada.
Él se limitó a mirar al frente y una sonrisa macabra apareció en su rostro.
—A partir de ahora será una gran aventura Meg, espera a ver lo que pasará mañana.
Dio media vuelta y se dirigió a su habitación calmadamente.
No puedo mantener la calma como el, ¿qué pasara ahora?, ¡cuánta angustia!


miércoles, 5 de febrero de 2014

EN CONSTRUCCIÓN!!

Lamento no estar muy pendiente de este blog, ando muy metida en mi otro proyecto. Cuando pueda prometo traerles más capítulos del Diario de Meg!

martes, 2 de julio de 2013

Día 4

Lunes 30 de Septiembre
Mucho misterio.
Al despertar en la mañana y dirigirme al baño noté que miss pee había desaparecido. Pensé por un instante que Ian o alguien del personal de limpieza se deshizo de ella. Tal vez era mejor así y dejarla partir sin despedirme y llevarla por siempre en mi corazón. Pero, luego de tomar una ducha y salir envuelta en toallas para vestirme, la sorpresa fue enorme. Miss Pee, sentada en mi cama, limpia, impecable, hermosa, perfecta, como si nada.
Me emocioné por completo, tomé a Miss Pee y la abracé con todas mis fuerzas.
Noté que Chase estaba en la puerta, me avergoncé un poco por mi apariencia.
-Te dije que estaría como nueva- dijo
-Es increíble. ¿Tú lo hiciste?-
-¿Yo?- rio muy fuerte-. Jamás haría algo así ni que fueras importante para mí-
Le saqué la lengua, estaba demasiado emocionada ahora como para dejar que Chase me contagie su actitud.
Chase se retiró y procedí a vestirme con una gran sonrisa en la cara.
/*/*/* Luego del desayuno /*/**/
-Ian espera- dije mientras intentaba detenerlo tomándolo del hombro
Giró en mi dirección.
-¿Qué pasó Meg?-
-Gracias por arreglar mi muñeca, en serio. Te lo agradezco mucho-
-¿Muñeca?-
-Si, mi coneja, Miss Pee?-
-¿Miss qué?-
-No digas que no la conoces tú la lavaste, la reparaste-
-No, lamento decepcionarte Meg, yo no hice nada. Pero vi a alguien anoche en la lavandería. Es más, creo que estuvo ahí hasta tarde-
-¿Quién?-
-Chase. Nos vemos Meg, tengo que terminar de ordenar unas cosas. Que tengas suerte en tu día de tenis- 
Se retiró.
Me quedé sin palabras. Chase lo negó ¿Por qué lo haría? ¿En verdad se sentía tan culpable?
-Meg, tenemos que irnos ahora. No pienso llegar tarde por tu culpa-
Luego de ello no podría volver a verlo con los mismos ojos.
-Está bien, ya voy- dije sonando sorprendentemente calmada
Al parecer le sorprendió que no reclamara, se quedó mirándome muy confundido.
-¿Estás bien?- preguntó incrédulo
-Sí ¿Por qué no debería estarlo?- 
-Nada, olvídalo-
De regreso en mi habitación, encontré una mochila con raquetas, pelotas y uno de esos típicos trajes femeninos para jugar tenis. Junto a todo esto una nota que decía:
“espero te diviertas y aprendas mucho” Louise Marshall.
Madame, cuanta molestia se está dando en convertirme en una copia de su hijito. Estas cosas deben ser muy caras. Me siento indigna de usarlas, las llevaré conmigo por si acaso, pero intentaré no usarlas.
A veces pienso que todo lo que madame me brinda terminará en una larga e interminable cuenta que me entregarán el día en el que me vaya de aquí y lo peor es que no tendré cómo pagarla y tal vez termine como Ian, o peor aún, siendo la criada de Chase otra vez. ¡NO NO NO NO NO eso jamás!
NOTA IMPORTANTE: debo pensar en buscar un trabajo, ahorrar dinero para pagar todos los gastos de madame y poder irme de esta casa sin deudas.

*/*/*/*/*Luego… casi al atardecer. */*/*
Bien, hoy no he podido escribir mucho, así que detallaré todo lo que pasó a continuación:
Al salir de casa Chase me esperaba en la entrada apoltronado en un lujoso vehículo, al parecer un Porsche Turbo Cabriolet de color negro. Al menos se veía elegante y no tendría la molestia de andar con un chofer. Se colocó unos lentes oscuros.
-¡Apresúrate nena! -  dijo mientras tanteaba el asiento del copiloto invitándome a subir.
¡Oh, no! ahí va de nuevo.
Sin ánimos subí al auto, apenas cerré la puerta Chase partió a toda marcha. Sentía mis mejillas bambolear con el viento. (Exagero) Pero en serio, él no quitaba el pie del acelerador. Ni si quiera noté el momento en el que dejamos la mansión, ni el camino hacia ella, ni nada.
Frenó en seco al ver otro vehículo acercándose en una intersección.
-¿Chase, podrías ir más lento?- Pregunté con voz temerosa
Se dio cuenta del pánico creciente en mí.
-Está bien, abuelita- dijo algo molesto.
Afortunadamente lo hizo y comenzó a conducir como la gente normal.
-¿Por qué  no te pusiste el uniforme?- preguntó
-No haré nada más que observar, no soy buena en los deportes-
-Le diré a mi madre-
-Me debes muchas Chase, no te conviene-
-Maldición, es cierto-
-Gracias-
-¿Por qué?
-Simplemente gracias, tú debes saber por qué-
Creo que se sonrojó. Decidí ver hacia otro lado.
Resulta que la casa de madame está bastante alejada de la ciudad. Luego de un largo trayecto en el que apenas cruzamos palabras. Llegamos al club deportivo.
¡Vaya lugar! Deseaba a gritos  salir de ahí.  Ya puedes imaginarte, niños ricos por todas partes diciendo tontería y media, presumiendo sus ropas, sus autos de lujo, sus joyas, etc, etc, ¡Cuánta vanidad!
-Todos se te parecen Chase- le dije mientras bajaba del auto
-No me conoces Meg-  respondió plantándome una mirada poco amigable
-¿Por qué siempre repites frases que yo ya dije antes?-
-Por que curiosamente funcionan conmigo también- respondió con una sonrisa de lado.
Entrar al club caminando junto a Chase Marshall fue completamente incómodo. Supongo   que ya lo imaginas, todos nos veían y lo más seguro es que se preguntaran quien soy.
La mayoría se acercaba a él tratando de establecer contacto. Chase sólo les respondía el saludo y continuaba caminando. Me pregunto ¿por qué es tan hostil con los demás?
Luego de seguirlo por varios metros, llegamos a la cancha de tenis donde su entrenador personal ya lo esperaba. El hombre me saludó y se mostró amable a diferencia de la clase de gente arrogante que andaba por el lugar. En fin eso es bueno, pero como es de esperarse, andar con Chase cerca hace que las cosas se compliquen a la velocidad de la luz.
Tomé asiento sobre una banca cercana a la cancha. Para ser sinceros en ese momento no quería alejarme de Chase ya que era el único niño bobo del lugar al que conocía. Muy mala decisión. ¿Quién hubiera imaginado que Chase es tan, pero tan, torpe? Yo no. En el primer lanzamiento que le tocó hacer vi la pelota dar un giro total en mi dirección, seguido de un golpe mortal en la mi cabeza.
Mentira, no fue mortal pero si dolió muchísimo.
Al cabo de un buen rato desperté en la enfermería del lugar con la carota de Chase sobre mí.
-Meg ¿estás bien?
-¿A ti qué te parece idiota?
-estás perfecta- dijo con su estúpida sonrisa coqueta
Me levanté de la camilla.
-¿ya puedo llevármela? .-le preguntó Chase al doctor, como si yo fuera un paquete o una encomienda.
El tonto de Chase se comportó relativamente caballeroso conmigo, me acompaño hasta su auto, subí y él cerró la puerta a mis espaldas. Enseguida se dirigió a comprar una bolsa de hielo para ponerme en el lugar adolorido.
-¿por qué lo haces?- pregunté
Ni volteó a verme.
-En serio te importa lo que me pase?-continué
-¿cómo crees Meg! Hay cosas más importantes en mi vida que tu
-Ya veo. El sentimiento es mutuo
Se quedó muy serio. En el camino de regreso a la mansión noté que Chase desviaba el rumbo.
-A dónde vamos?- pregunté un poco confundida
-tu sólo quédate quieta
Sabes, empiezo a creer que Chase es tan frío como la bolsa de hielo que sostenía contra mi cabeza.
Luego de unos minutos llegamos a un lugar muy pacífico al lado de la carretera desde el cual se veía un increíble atardecer. El cielo naranja, los árboles parecían de fuego, todo se veía muy cálido y tranquilo desde ahí.
-¿Por qué me trajiste aquí?- pregunté
Chase tomó asiento sobre el pasto, me senté a su altura mas no a su lado.
-Me gusta venir aquí a despejar mi mente- dijo
-Pero ¿Qué preocupaciones puedes tener tú Chase? Tienes una vida perfecta, dinero, diversión. ¿Qué puede incomodarte?-
-Una vez más, no me conoces Meg. Sólo ves todo lo que está a tu alcance-
-Es todo lo que dejas ver – reclamé sin mirarlo a los ojos
-Sabes, tú tampoco tienes de qué preocuparte. Te envidio- dijo él
-Falso. Tengo mil problemas
-¿Cómo cuáles?
-Primero estás tú, tan molesto e insoportable. Segundo tu madre y sus castigos. No sé cómo podré pagarle todo lo que está haciendo por mí. Me pregunto ¿Cuándo acabará todo esto?
-Meg, en serio. ¿Tanto te importa todo esto?
-Si
-Por mi madre  debes dejar de preocuparte, se le pasará. El dinero para ella crece en los árboles, así que olvida ese tema.
-¿Y por ti?
-De mí no vas a librarte- dijo y sonrió con malicia
-¡Maldición!
Chase se deshizo de la bolsa de hielo que se había convertido ya en bolsa de agua. Resultó que compró algunos bocadillos, los comimos lentamente viendo el atardecer.
Cuando la noche se asomaba volvimos al auto.
-Chase
-Dime
-¿Entonces qué es lo que te preocupa? No lo has dicho
-Lo sabrás en su momento. Por ahora no interesa-
Muy bien, no seguiría presionándolo.  No es que me interesara demasiado, pero consideraba injusto haberle confesado mis preocupaciones y que él no lo hiciera. En fin.
El resto de la noche ha pasado en calma.  Exceptuando el hecho de que estoy en cama bajo la intensa vigilancia de Ian.  A intentado quitarme el diario y obligarme a descansar pero me he defendido con todos los recursos a mi alcance. (patadas, mordidas y empujones). Terminó por rendirse. Decidí conversar un poco con él.
-Tal parece que estar cerca de Chase te hace daño
-No te equivocas. Cada vez que estoy cerca de él algo malo pasa
-Son sólo casualidades. Créeme. Cierto, Madame envió esto para ti
-¿Qué es?
Ian trajo a mi habitación un montón de cajas.
-Una laptop, un celular, un reproductor de música, maquillaje, ropa- dijo mostrándome las cajas una por una. ¡Perfecto! Lo que me faltaba, aumentar más ceros a la deuda.
-¿Por qué madame gasta tanto dinero en mí?
-No lo sé. Pregúntaselo.
Ian se fue, se llevó las bandejas de la cena. Ando ahora revisando cada una de las cosas que me regaló madame. Se ven interesantes y muy costosas. En un rato iré a agradecerle.
/*/*/*/* Un poco después /*/*/*
Chase ha venido a ver cómo sigo.
-¿Todo bien?- preguntó
-Parece, excepto por todos estos regalos
-¿No te gustan?
-No, son demasiado costosos para mi gusto
- ¡Sí que detestas esta vida!
-Tal parece que tendré que acostumbrarme a la fuerza
-Lamento lo de la pelota
-Está bien, supongo que está en tus genes ser tan torpe. No hay nada que hacerle.
Sonrió a medias y se fue.


Espero poder dormir y que mañana la cabeza deje de dolerme. A sido un día muy agitado. Espero obtener un poco de calma.